Empezamos la elaboración preparando la cerveza, siendo aconsejable que sea una cerveza rubia tipo Blanche.
Pedimos a nuestro carnicero que nos trocee la carne como para estofado y la salamos.
En un caldero amplio con un buen chorro de aceite de oliva caliente ponemos a dorar la carne...
... a fuego vivo hasta que dore por todas partes, en cuyo momento la sacamos del caldero y la reservamos.
Mientras, cortamos las cebollas peladas en rodajas.
En el mismo caldero en que hemos dorado la carne ponemos a derretir la mantequilla...
... e incorporamos los aros de cebolla, dejándola pochar hasta que esté transparente y blanda.
Entonces echamos la harina...
... dándole vueltas para sofreír un par de minutos.
Vertemos toda la cerveza...
... y agregamos las hojas de laurel, el tomillo y las dos cucharadas de mostaza antigua más una pizca de sal.
Removemos todo bien y volvemos a meter al caldero la carne que teníamos reservada y las zanahorias peladas y cortadas en rodajas.
Mezclamos todo bien, tapamos el caldero y dejamos cocer despacito "al chup-chup" (a fuego muy lento), hasta que la carne esté tierna y bien cocida, lo cual suele llevar entre una hora y media y dos horas.
En mi caso estuvo 1 hora y 45 minutos.
Durante este tiempo movemos periódicamente con una cuchara de madera para evitar que la carne se queme al quedar en el fondo.
Si vemos que el líquido ha reducido mucho podemos verter un poco más de cerveza.
En mi caso no fue necesario.
Pasado el tiempo el estofado tenía un aspecto sensacional.
Se aconseja que repose bastante y que hagas como yo hice, es decir, guardarlo de un día para otro.
Como acompañamiento para este plato se utilizan papas fritas bien crujientes.
Servimos la Carbonade Flamande poniendo en una parte las papas y en la otra el estofado calentito.
Tienes dos opciones: o tener muchas papas fritas o disponer de un buen pan para mojar porque el plato lo pide a gritos.